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¿Viva la crisis, muera el progreso?

… nuestro país debe dedicarle las 24 horas del día y los 12 meses del año a la producción. Y eso no está ocurriendo. De acuerdo a los estándares negativos que tenemos, es una tarea ardua. Aquí entra en juego la marcada polarización social y política que existe en todo el territorio nacional

Cuando vemos, alarmados y preocupados, la situación de conflictividad en una nación entre sus ciudadanos y el gobierno no hace nada por evitar la confrontación, se llega a la anarquía y a la destrucción total. Lo hemos visto en muchos países. Allí tenemos, por ejemplo, el caso de Siria cuya situación conflictiva lleva más de 6 años. La situación vivida en Irak antes de la invasión norteamericana, entre otros. En estas dos naciones que hago mención hoy viven su peor desgracia. Es decir, que la crisis la aprovechan aquellos que poseen la fuerza o el poder, y además, “disfrutan” destruyendo  y se olvidan de las necesidades que padecen sus conciudadanos. Sabemos que la crisis, en términos generales, consiste en un cambio brusco en el desarrollo de un acontecimiento, específicamente social.

Las causas para que haya una crisis se debe a multiplicidad de variables. En el caso venezolano, se presenta la crisis y además muy, pero muy severa, por la escasez y/o desabastecimiento de alimentos y de medicinas, la inflación más alta del mundo (según la AN, supera el 176%), disminución del precio del barril de petróleo, especulación desmedida en los precios de rubros; inseguridad personal y de bienes, ineficacia en los servicios públicos, tales como racionamiento de luz y agua potable, escasez de gas doméstico; acentuación de la conflictividad política; a lo anterior se le suma las discrepancias entre poderes públicos (Ejecutivo-Asamblea-TSJ-Fiscalía); existencia notable de discriminación de participación ciudadana (caso notable: canal de televisión “de todos los venezolanos” VTV); y el etcétera de dificultades se pierde de vista.

A todas estas, pareciera que los responsables de satisfacer las necesidades de la colectividad, o se hacen las vista gorda o prefieren dedicarse a sus actividades políticas partidistas. Y mire usted, estimado lector, Venezuela reúne la problemática antes descrita desde hace algunos años. La crisis se agiganta aún más con la “convocatoria” que ha hecho el Presidente Maduro de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), la cual es rechazada por su ilegitimidad por más de un 80% de compatriotas.

Aunado a esto, la productividad de bienes y servicios, que debe estar presente para un progreso sustentable y sostenido, brilla por su ausencia. De hecho, el porcentaje de importación en Venezuela, es relativamente alto comparado con la nula productividad. Una muestra de ello, son los productos que componen las llamadas cajas de “claps”, los cuales vienen de Brasil, México y Colombia. Países que notificaron no reconocer la ANC por considerarla inconstitucional. Es decir, que nuestro país debe dedicarle las 24 horas del día y los 12 meses del año a la producción. Y eso no está ocurriendo. De acuerdo a los estándares negativos que tenemos, es una tarea ardua. Aquí entra en juego la marcada polarización social y política que existe en todo el territorio nacional.

Los dirigentes gubernamentales señalan que la nueva ANC se centrará en recuperar la economía, la soberanía, la independencia y sobre todo, la paz del país. Pero, de acuerdo a declaraciones (además contradictorias), el objetivo específico es desaparecer la AN, la Fiscalía y la inmunidad parlamentaria de los señores diputados elegidos el 6 de diciembre de 2015 con un abrumador resultado de un poco más de 7,7 millones de votos. Ante este panorama, pareciera que retumba en un túnel obscuro, la expresión: ¡Viva la crisis, muera el progreso! Usted, amigo lector, ¿Qué opina? Se abre el debate pues.

@monsalvel    

Acerca del autor

Alfredo Monsalve

Alfredo Monsalve

Investigador y docente de postgrado universitario en el área de metodología de la investigación.