Columnas

Venezuela: colapso total

Las alarmas internacionales se han disparado porque la debacle venezolana puede salirse de control

Metástasis de una nación

La magnitud de la crisis que atraviesa el país caribeño alcanza a todos los órdenes posibles: desde el derrumbe de su infraestructura básica, el colapso de los servicios públicos, la desnutrición voraz (1/3 de los venezolanos se acuestan a dormir sin comer), las salas de muerte en sus hospitales hasta los “ajusticiamientos” -linchamientos públicos- hechos por hordas de gente contra delincuentes (los delitos quedan impunes en un 98% de los casos) que pululan por las derruidas calles. Venezuela antes del régimen chavista ya presentaba una preocupante pobreza que arropaba al 53% de sus habitantes, pero apenas comenzando 2018 se ha registrado la histórica cifra de 83% de pobres por ingreso y de éstos, el 52% están en miseria lo que les impide siquiera poder comer el mínimo de alimento diario.

La hecatombe que ha hundido a su economía (se ha perdido casi el 50% del PIB desde que Maduro manda) la sitúa ya como la nación más pobre de América (el salario mínimo mensual no llega a los USD 10 a la tasa del mercado negro) y su convulsión social ya se ha transformado a una emigración masiva hacia los países vecinos de la “república bolivariana”. Como colofón, las respuestas de la institucionalidad son nulas (se han suprimido cualquier mecanismo de rendición de cuentas y de nuevas elecciones a puestos públicos) puesto que han renunciado a su razón de ser -el bien público- por su obsecuencia absoluta al fin general de la cúpula chavista: la perpetuidad en el poder de la élite gobernante y el usufructo de los precarios recursos provenientes de la exportación petrolera (las exportaciones venezolanas han caído a sus mínimos históricos).

El sistema político venezolano ha venido involucionando desde un “sistema de partidos y de élites” en el período democrático-representativo (1958-1998) a un autoritarismo plebiscitario (capaz de medirse en elecciones para lograr la legitimidad perdida en su desempeño democrático) durante la larga presidencia de Hugo Chávez, y posterior a su muerte, sus “herederos políticos” han asesinado los resquicios de libertad que quedaban para erigirse como una dictadura pura y dura donde la persecución a la disidencia y la cooptación del Estado para la camarilla es la norma impuesta.

Gobernar para saquear

El sistema político venezolano ha venido involucionando desde un “sistema populista de partidos” en el período democrático-representativo (1958-1998) a un autoritarismo plebiscitario (capaz de medirse en elecciones amañadas para lograr la legitimidad perdida en su desempeño democrático) durante el largo dominio de Hugo Chávez, y posterior a su muerte, sus “herederos políticos” han destruido los resquicios de libertad que quedaban para erigirse como una dictadura pura y dura donde la persecución a la disidencia y la cooptación del Estado para la camarilla es la norma impuesta.

Sin embargo, la dictadura actual -apellidada efectivamente como “militar socialista”- heredó el colapso gerencial público que la ineptitud y la corrupción del período Chávez alcanzó pero sin el ingreso petrolero fenomenal con que se solía aliviar la destrucción del aparato productivo nacional. El resultado: los venezolanos no pueden abastecerse de los bienes básicos y cruciales para vivir (el desabastecimiento de medicinas esenciales es total, por ejemplo) y la ruina ha borrado a los puestos de trabajos anteriormente existentes. Un país cuya economía se haya moribunda por una telaraña de regulaciones nacidas de la visión comunista de los gobernantes pero que -paradójicamente- se ha convertido en el paraíso para el crimen transnacional del narcotráfico que alimenta los bolsillos de los jerarcas del régimen y de sus secuaces.

Los venezolanos se alimentan, visten y trabajan con insumos importados, herencia de la adicción a divisas subsidiadas por el Estado que el chavismo llevó al paroxismo. En 2012 se importaron bienes por USD 60 mil millones mientras que para 2018 apenas serán USD 12 mil millones (de los cuales 2/3 se hará mediante compras de entes estatales absolutamente corruptos); el régimen ha optado por pagar los intereses de la deuda externa (buena parte de los bonos venezolanos están en manos de oligarcas chavistas) en detrimento de importar alimentos y medicinas para la menguante población, el resultado ha sido que se han rematado activos estratégicos de la nación -yacimientos de oro y empresas petroleras en el exterior- y las reservas del país se desplomaron de USD 30.000 millones en 2010 a un estimado de USD 9.000 millones al cierre de 2017, la cifra más baja de toda la historia nacional.

El chavismo se propuso expandir al Estado en su carácter de amo y señor de la economía mientras en la práctica se retiraba de sus funciones elementales -seguridad, justicia y servicios públicos-, esta dupla es la causa de la catástrofe humanitaria que ha quebrado al país y amenaza con disolver a la nación entre una población que emigra – ya han huído 4 millones de venezolanos- a raudales y los señoríos feudales del crimen -los pranatos- que empiezan a gobernar cada vez más porciones del territorio venezolano.

Con un salario mínimo mermando y que es casi imposible de ser ponderado con el exterior -porque existen múltiples tipos de control de la moneda y ninguno es funcional-, los escasos Bolívares que llegan a los ciudadanos son quemados por el incendio de la hiperinflación (2.616% en 2017 y entre 10.000, 15.000 ó más alta para 2018) y la explosión de los mercados negros donde los productos que apenas llegan son permutados a precios tan o casi más elevados que sus pares en el Primer Mundo. Con ello, el futuro luce cada vez más tenebroso porque para el fin constitucional del gobierno de Nicolás Maduro -en 2018, si no ocurre otra treta y son abolidas las elecciones- Venezuela habrá quedado irreconocible en su faz para ser ahora un Estado fallido, inmensamente miserable y un foso del crimen (Caracas, la capital, es la ciudad más peligrosa del mundo; mientras que la tasa de mortalidad ya se acerca a los 100 homicidios por 100.000 habitantes).

Los países sí tocan fondo

El sistema chavista colapsó a Venezuela pero eso no implica que vayan a implosionar ambos para dejar una nada tras sí. Los países no se terminan sino que su degradación puede alcanzar cuotas más espantosas hasta transformarse en Estados fallidos corroídos por el crimen. Las alarmas internacionales se han disparado porque la debacle venezolana se ha salido de control y perturba las fronteras del hemisferio; por citar que Colombia, Brasil y Panamá ya han implementado medidas contentivas de la emigración creciente que viene de su antiguo rico vecino. Y es que la comparación entre la Venezuela boyante en derroche del pasado -por manos de Chávez cerca de 1 trillón de dólares entre renta petrolera, deuda masiva e impuestos- y el horror del presente es tan impactante que aún mantiene a sus habitantes en un estado catatónico donde la salida a la crisis es bipolar: la huída del territorio o la agónica supervivencia-.

Quizás los daños descomunales a la producción nacional pudieran ser superados con un rescate financiero internacional (se estima que mínimamente el país necesita una inyección de USD 60.000 millones para salir del caos actual, cifra superior al rescate histórico de Grecia tras la Gran Recesión de 2008) cuando existiera una administración que realmente tenga como fin el bienestar general; sin embargo, los traumáticos procesos mediante el cual el chavismo gobernante abolió el emprendimiento personal, la competitividad, la meritocracia y la educación formal, son más hondos y por ende, mucho más difíciles de corregir. La imagen de Venezuela ha sido deteriorada irremediablemente, sus instituciones están corrompidas por toda clase de actividades criminales y lo más alucinante, es que el orden político tiránico chavista modeló el comportamiento de los sectores democráticos a los que ha intimidado, paralizado y dividido, por lo que la Oposición venezolana no tiene poder alguno para forzar el cambio de régimen.

Venezuela está siguiendo la trágica senda que ya recorrió Cuba, el referente y verdadero asesor modélico de la dictadura militar socialista. Los resultados a veinte años de “revolución” son cuantificables. Una nación divida en dos: la que se tuvo que quedar en la miseria total y la que huyó para sobrevivir a la tragedia en el exilio. Un pueblo irreconocible tras su pasado mucho más esplendoroso, cuya identidad fue suplantada por la propaganda y el culto a los amos del Estado. Una sociedad cuya aspiración máxima es a sobrevivir cada día y con unas élites “revolucionarias” cuya vida palaciega rivaliza con monarquías y sultanatos. Aunque, valga decir, que a diferencia de la carnicería venezolana, al menos en la mayor de Las Antillas, la seguridad es total porque la isla es en sí una gran jaula-cárcel.

Herman@s venezolan@s, hay que rebelarnos contra la maldad. Hora de actuar.

@IvanPolitics

Acerca del autor

Iván Ciriaco-Useche

Iván Ciriaco-Useche

Politólogo. Especialista en Economía Política y Gerencia Pública. Asesor en mercadotecnia electoral, campañas electorales y comunicación política.