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¿Se aceptan críticas? A propósito de la Fiscal

En Venezuela, el Gobierno Nacional está colisionado en un partido único (PSUV) con ello pretende que todos los actores adheridos, sigan la misma línea discursiva para mantener coherencia y con esto demostrar la fuerza política que poseen.

La crítica, es un conjunto de opiniones que pueden ser favorables o desfavorables. Qué ocurre, cuando existe la posibilidad de ejercerla o no.

La política es conflictiva per se, por tanto, la crítica es necesaria, permite generar debates, identificar distintas opciones o alternativas (incluso dentro de un mismo partido) permite hacer reformas por la vía del consenso. Al no permitirla, ocurre el fenómeno contrario, la élite del gobierno o del partido toma las decisiones por tanto, no puede renovarse al no aceptar posturas contrarias y pierde en muchos casos, no solo apoyo de sus propios dirigentes (que al disentir se ven execrados) también de personas dentro de sus filas que tampoco se les otorga ni voz ni voto, sobre las mejores alternativas en la toma de decisiones.

En Venezuela, el Gobierno Nacional está colisionado en un partido único (PSUV) con ello pretende que todos los actores adheridos, sigan la misma línea discursiva para mantener coherencia y con esto demostrar la fuerza política que poseen. Sin embargo, cuando un actor difiere de esa línea (bien sea porque pretenda hacer un viraje en una política pública, no coincida en algún procedimiento, quiera hacer un aporte) de manera automática es calificado y tildado como apátrida, opositor, imperialista, financiado por la “derecha”, traidor. No necesariamente ese actor es de derecha, es difícil si quiera que llegue a serlo viniendo de sus filas, sin embargo, es la manera (incorrecta a mi juicio) de enfrentar el discernimiento al sentir que pierden control ¿Qué logran con esto? Considero que más temor y así mantenerlos a todos “a raya”, pierden actores y adeptos. El político es execrado de las filas psuvistas, la base que también puede discernir siente descontento y se aleja, aunque como ciudadano común le sea más difícil hacerlo visible. Cuando todo eso ocurre, la oposición (MUD) pretende capitalizar esa crítica y sumar ese actor a sus filas.

Al ser ahora “opositor” al Gobierno Nacional, automáticamente es aceptado, se suman a apoyar sus causas, replican sus discursos ¿No se dan cuenta que hacen lo mismo que refutan? El chavismo considera que un funcionario del Estado sirve mientras sea chavista y es deplorable en el momento que se opone a algo. Esas posturas de ambos bandos ¡no son coherentes!

Es lo que sucede hoy con la Fiscal General Luisa Ortega Díaz, se hicieron llamados de apoyo por parte de sectores de la oposición para respaldar las acciones que la misma había emprendido ante el TSJ, como si de pronto hubiesen olvidado todas sus acciones o inacciones. Por su parte, la vocería del Gobierno Nacional luego de años de apoyar sus posturas, han sido capaces hasta de comprometerla de insania mental, por el simple hecho de diferir en la forma de interpretar y hacer cumplir la Constitución.

Los políticos sustentan sus acciones con el respaldo de sus partidos (teóricamente esto nos indica cuál es su ideología o conjunto de ideas que apoya) pero como todo en la vida, hay políticos eficientes o no dentro del chavismo (los extremistas opositores refutarán esta posibilidad, “porque todos son ineficientes si están dentro de un sistema que lo es”) daré un simple ejemplo: si apoyaron una iniciativa a aplaudir (como puede ser el sistema de orquestas o el impulso a los deportivas) esta institución o persona que la representa, merece un reconocimiento.

De la misma forma sucede con la oposición, es un político a reconocer, en la medida que así lo indiquen sus actuaciones, no su posición política. Podemos reconocer a los parlamentarios de acuerdo a la altura de su debate, a las iniciativas o propuestas legislativas o en sus posibilidades de traducir las necesidades o deseos de los ciudadanos en acciones. Y este principio aplica para todos los cargos de elección pública.

Entonces la crítica es vital, es necesaria, las consecuencias al no permitirla son fatídicas, se transforman en posturas totalitarias. Sin embargo, la crítica en si misma nos indica solo una postura, debemos asimilarla, dar un trato justo a las ideas expuestas, tolerar y retroalimentamos hasta de lo que no podemos estar de acuerdo. Reconocer y aplaudir aquello con lo que nos identificamos (incluso cambios de posturas) es factible, lo que no parece sensato es absorber esas críticas y cambios como una bandera política a enaltecer, por el simple hecho de venir del bando contrario.

 

@clauzca

Acerca del autor

Claudia Uzcategui

Claudia Uzcategui

Politólogo (Universidad de los Andes). Magister en Gestión Pública (Universidad Autónoma de Barcelona). Diplomado en Planificación Estratégica del Sector Público (Universidad de los Andes).