Columnas

Regionales y subversión

Estas elecciones no son unas elecciones ordinarias. Las regionales no pueden venderse como una vía para recuperar espacios de poder, creer eso es poner en duda la naturaleza totalitaria del régimen

El dilema cambió, ya no se trata de ir o no ir a regionales. Las dos fuerzas políticas del país se sumaron, con distintos objetivos, a los comicios que en teoría elegirán a 23 nuevos gobernadores. El asunto para la MUD ahora parece ser táctico. ¿Cómo encarar este proceso? ¿Cómo transformarlo en una pieza dentro de la estrategia de resistencia contra la dictadura?

Estas elecciones no son unas elecciones ordinarias. Las regionales no pueden venderse como una vía para recuperar espacios de poder, creer eso es poner en duda la naturaleza totalitaria del régimen. En Venezuela, bajo este gobierno, no hay oportunidad alguna para deseos de descentralización. En dictadura el poder no se comparte.

No se trata de cohabitar dentro del Estado totalitario. Sino de subvertirlo. Y las elecciones regionales por paradójico que parezca deben dirigir su objetivo y su mensaje hacia ese terreno. La dictadura tendrá costos políticos si se consuman las elecciones o si se suspenden a través de la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente. Por eso, hace lo posible para que la MUD renuncie a participar. Desde ese punto, insistir en las elecciones ya es un acto de resistencia.

Pero aún esto no se digiere. Aún no se hace narrativa. Y mientras tanto el sentido de las regionales continúa signado por la ficción ingenua de recuperar espacios políticos. Una ficción que a pocos convence y a nadie emociona.

Las falsas expectativas le han salido costosas a la oposición venezolana. Proyectar fechas heroicas mientras se oculta la estrategia o, peor aún, no tener estrategia más allá de las fechas heroicas solo ha servido para que hoy la inmensa mayoría del país se sienta derrotada cuando nadie le ha vencido.

Se necesita honestidad. Se debe advertir que es posible que no hayan regionales, incluso que habiéndolas no se consiga poder efectivo. Pero que aun así son realmente importantes. Explicar con la mayor destreza comunicacional que el plan consiste en seguir debilitando al gobierno desde cualquier espacio. Seguir causándole fricciones. Seguir erosionando su base de apoyo que pese a estar enormemente disminuida aún no lo está lo suficiente como para que piensen en negociar su salida.

Y en esta línea, las elecciones no pueden monopolizar la expresión del descontento popular. Deben dibujarse como una pieza más dentro de la dinámica de protesta. Como vitrina para exponer, de nuevo, a la dictadura como una camarilla que se niega a abandonar el poder pese a la demanda generalizada de cambio. Deben servir para confirmar el fraude el 30 de julio y mostrarle a la base chavista y militar que ellos también fueron engañados. Se trata de arrinconar a Maduro en la esquina del 2019, donde todos los mecanismos de presión deben estar orientados a la realización de elecciones presidenciales.

Si el objetivo es recuperar espacios de poder, ganaremos otra vez una sensación de derrota. Por el contrario, si la estrategia es subvertir el Estado totalitario y se reconoce que estas elecciones no son más que un paso dentro de un proceso que garantizará, a mediano plazo, el final de la dictadura, sin importar lo que pase de aquí a octubre, los costos políticos descansarán sobre los hombros del gobierno y no sobre los nuestros.

Acerca del autor

Manuel Roa

Manuel Roa

Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Católica del Táchira. Tesista de la Licenciatura de Comunicación por la Universidad de los Andes. Egresado del Programa para el Fortalecimiento de la Función Pública en América Latina de la Fundación Botín y Brown University.