Columnas

La épica libertaria en Venezuela

Una marcha tras otra la joven y maltratada Venezuela deja imágenes para la historia que nos conmoverán siempre y que demuestran el arrojo y coraje de un pueblo y unos dirigentes dispuestos a ir de la mano, a nadar contra la corriente de la indiferencia o tibieza de muchos países democráticos ante su tragedia

La gente buena del mundo libre se conmueve ante la épica libertaria de los venezolanos frente al régimen chavista de Nicolás Maduro. Personas desarmadas echadas a la calle que no están dispuestas a aceptar el sometimiento como fórmula de paz que propone la dictadura en forma de otro diálogo trampa y que sólo encuentra eco aprobatorio en las fuerzas políticas mercenarias de la izquierda global como el partido Podemos y el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero en España o los narcoterroristas de las FARC en Colombia.

La orgía represiva desatada por la dirigencia chavista en estas semanas de protestas, que usa el monopolio de la violencia (oficial y paramilitar) para terminar de cerrar esa jaula castrista en que convirtieron a Venezuela, no ha podido apaciguar unas calles plagadas de gente no sólo hambrienta de libertad, sino hambrienta en el sentido literal de la palabra, puesto que el país con las primeras reservas de petróleo del mundo sufre unos niveles de escasez de alimentos que la FAO (La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) se ha dignado al fin a reconocer tímidamente en estos días pero que lleva años padeciendo, sometiendo a los venezolanos a todo tipo de humillaciones y vejaciones por parte de un poder tan destructivo y corrupto, como autoritario y criminal, que no ha dudado en usar el hambre de su pueblo como instrumento de control social.

Escribir en estos días no es fácil ya que las cifras de víctimas mortales que hoy llegan a 29, detenidos que superan los 1300 y encarcelados que ya se acercan al millar, hablan de una rebelión popular en pleno desarrollo y pronóstico reservado, de la que puede salir un país liberado o uno sometido definitivamente a una dictadura comunista, que ante la imposibilidad real de revertir la crisis humanitaria que sus políticas han generado luego de 18 años en el poder, está dispuesta a atrincherarse en la violencia más a atroz, usando a 30 millones de personas como rehenes para no responder ante la justicia internacional por su sistemática violación de DDHH y su clara vinculación con el narcotráfico internacional.

Las imágenes de una señora enfrentando una tanqueta, “armada” únicamente con una bandera, y la de un joven desnudo que con una biblia en la mano intentó en vano detener la represión de la Guardia Nacional contra manifestantes desarmados, dan cuenta en todo el mundo de la indudable superioridad moral de la lucha de la Venezuela democrática por recuperar sus libertades conculcadas, entre ellas la del voto, debido a que la otrora autocracia plebiscitaria de Hugo Chávez ha devenido en una tiranía caribeña cívico-militar con Nicolás Maduro, que ante la imposibilidad de ganar otra elección, por el enorme rechazo que genera en la población, ha decidido desechar la hoja de parra del voto popular que hasta hace poco le permitía ser considerada injustamente como una democracia muy “sui generis”, pero democracia al fin.

Con el autogolpe de Estado que ejecutó el chavismo a finales de marzo contra la Asamblea Nacional (AN) usando a sus sicarios judiciales del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), los “formalismo burgueses”(chavistas dixit) saltaron por los aires y ya la Organización de Estado Americanos (OEA) gracias a la acción decidida de su secretario general, Luis Almagro, ha comenzado a denunciar al gobierno venezolano como lo que siempre ha sido: un régimen dictatorial y liberticida que en su fracaso está empecinado en llevarse miles de vidas de sus compatriotas antes de dejar el poder por simple lógica democrática.

Una marcha tras otra la joven y maltratada Venezuela deja imágenes para la historia que nos conmoverán siempre y que demuestran el arrojo y coraje de un pueblo y unos dirigentes dispuestos a ir de la mano, a nadar contra la corriente de la indiferencia o tibieza de muchos países democráticos ante su tragedia.

Atrás parece haber quedado la parálisis que el miedo y las dádivas del régimen chavista había inoculado en algunos sectores de la sociedad venezolana, en especial aquellos más social y económicamente vulnerables. La quiebra económica de la nación y del Estado petropopulista ha desnudado el tamaño de la estafa del chavismo ante quienes se dejaron persuadir por el discurso de lucha de clases tan nocivo como provechoso para la revolución chavista. La inflación más alta del mundo y la escasez de casi todo han golpeado sin piedad a ese sector que ahora se atreve a salir a la calle desde los bastiones tradicionales del chavismo en Caracas: barrios como el 23 de enero, El Valle, Catia, Antímano y la Vega han sido testigos de un despertar de indignación y protestas callejeras enfrentadas con las bandas paramilitares (“colectivos”) más violentas y mejor armadas del país. La despolarización de la sociedad que se percibe ante la destrucción del país es otra mala noticia para la dictadura.

Como en el 2014, los soldados desarmados de la oposición y el grueso de las víctimas mortales en esta nueva ola represiva son jóvenes de alrededor de los 20 años que no han conocido nada distinto al chavismo, unos chamos que se juegan la vida ante el terror armado con una valentía temeraria conmovedora. En las marchas se abren paso hacía la cabecera de la muchedumbre corriendo en fila entre la gente que les aplaude; cubriendo sus caras con franelas; dejando al descubierto una notoria delgadez producto de la escasez de alimentos que padecen; usando trapos, cartones sacados de la basura o mascaras para pintar como protección antigases, además de guantes con los que devuelven una a una las bombas lacrimógenas con las que los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado atacan a los manifestantes. Se sienten héroes de su gente y en efecto lo son, son los ángeles flacos que luchan sin descanso contra un presente brutal que les roba su futuro. Su alma es la de la Venezuela insumisa decidida ahora y siempre a luchar por su libertad.

@LuisDeSanMartin

Acerca del autor

Luis De San Martín

Luis De San Martín

Comunicador Social. Profesor en la Universidad de Los Andes. Doctor en Periodismo y Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona, España.