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Elecciones regionales: cuatro escenarios y una recomendación

El debate democrático no debe temerle a las diferencias. Todo lo contrario, en las diferencias se crece y se llegan a consensos

Luego de suscitado el abismal fraude del 30J, el régimen de Maduro, que sí calcula escenarios futuros – aunque solemos pensar lo contrario –  convoca a las elecciones regionales, elecciones por cierto ya programadas con posterioridad a la convocatoria a las elecciones (ilegales) de constituyentistas que acabamos de presenciar. Sin dudas, esta convocatoria resultaba un comodín, en primera instancia porque le podrían haber servido (cosa de hecho intentada a través de Zapatero) como un elemento de negociación para frenar las protestas en su contra, en caso de que las circunstancias le hubieran obligado a paralizar la constituyente, o bien, como ahora sucede, para entrampar a la oposición en un debate que pone en riesgo su mayor fortaleza, que no es otra que la unidad política y de acción frente a la dictadura abyecta impuesta en Venezuela por los jerarcas del PSUV.

Esta convocatoria trae una disyuntiva crucial para la oposición venezolana. Maduro y su combo están a punto de coronar el sometimiento, mediante la fuerza, de todo el país. Llevaron adelante su elección del 30J asesinando a gente que protestaba, con la complicidad de dirigentes que se ríen y mofan de los actos cometidos por sus bandas criminales apodadas “colectivos” que trabajan en coordinación con cuerpos de represión del Estado (evidencias audiovisuales sobran). Y encima hasta ahora parece no importarle nada la presión o los pronunciamientos internacionales en contra de sus pretensiones, cosa que a cualquier Presidente sensato, hubiera obligado a pensar dos veces la aplicación de un proyecto de semejantes consecuencias para los suyos y para el país en general, en caso de condenarnos al aislamiento político y económico.

¿Ir o no Ir? He ahí la cuestión.

Al mejor estilo de Hamlet, la oposición venezolana tiene que tomar una decisión clara que sin duda será trascendental para su propio futuro. Evaluamos cuatro escenarios que hemos proyectado:

Escenario 1: No ir a elecciones

En esta situación seguramente la MUD tendrá sobradas razones para no asistir a un proceso electoral convocado por un árbitro de cuestionada credibilidad, ya no sólo por sus opositores, sino por la empresa proveedora de sus servicios técnicos, uno de sus miembros colegiados y sus pares de organismos internacionales, así como de varios países que no han reconocido el resultado de la elección celebrada.

De no participar en las elecciones, la decisión tendrá seguramente el apoyo de la gran mayoría de la ciudadanía venezolana que fácilmente podría entender las razones por las cuales no acudir, además tendría mayoritariamente el apoyo de la comunidad internacional, que conocedora de la situación, sabe que la oposición está en franca indefensión frente a la dictadura venezolana. Con lo cual pudiera redirigir sus esfuerzos, endureciendo las medidas contra Maduro y sus funcionarios, con la intención de incidir con mayor ahínco, en un cambio de dirección en el gobierno venezolano.

Esta decisión, si bien deja políticamente mejor parada a la oposición, en cuanto a discurso y narrativa se refiere,  no está exenta de riesgos. Puede, que tal como ha ocurrido con las elecciones a la ANC, pase el tiempo y a pesar de mil presiones internacionales, el gobierno decida llevarlas a cabo, trayendo como resultado inmediato, que las 23 gobernaciones quedaran en manos del partido de gobierno sin mayores consecuencias. Generando aún mayor frustración y desgaste de la oposición que tendría que observar, como unas elecciones contempladas en la constitución del 99, pasan por frente de sí y no les deja absolutamente nada.

Aquí la oposición tendría que desconocer al régimen como un todo y no solo su ANC. Hacer valer la decisión de abandono del cargo que tomó hace ya un tiempo la AN, e intentar por vías de la fuerza, lo que no se ha logrado por vías de negociación y la protesta continuada. Situación además compleja, cuando no se hacen, al menos visibles, fracturas en las FANB o en sectores del chavismo con poder real.

Escenario 2: Que unos partidos vayan y otros no

El Secretario General de Acción Democrática, Henry Ramos, ha sido tajante: “no sé los demás partidos pero AD va a participar”. Esgrimiendo parte del peligro -anteriormente expuesto- que significaría no acudir a esas elecciones, este miembro de la Mesa de la Unidad Democrática, ha establecido una línea roja,  no convocar al abstencionismo. Si la MUD se dividiera en este punto y ocurriera que  unos partidos van y otros no, sería el peor escenario para ella y el mejor para el gobierno. Esto radica en dos puntos. La oposición no tendría la fuerza suficiente para demostrar en las urnas electorales que es mayoría, dados los pocos incentivos, la ciudadanía en general no participaría, lo cual equilibraría notoriamente la balanza a favor del régimen. Permitiéndole retener unas gobernaciones y tal vez perder otras, pero sin dudas su mayor logro no será ese, sino la legitimidad que parte de la oposición le habrá conferido a su gobierno, a su “árbitro electoral” y al resto de instituciones cooptadas por el PSUV, entre ellas a la constituyente ya instalada para ese entonces. Aquí la oposición quedaría devastada, habría colaborado, con su fractura, a aliviar las presiones internacionales que aún pesan sobre la cúpula dirigente del gobierno, otorgándole la posibilidad que de a poco, la diplomacia venezolana pueda recomponer relaciones internacionales con gobiernos pares e instituciones que le han condenado. Rompiendo la eficacia de las sanciones a las que podría verse sometido el mismo y sus funcionarios. Además, la solidaridad conseguida en torno a la resistencia pacífica de los venezolanos, se vería diluida y los gobierno guiados por el pragmatismo, sacarían de su agenda de prioridades la situación de la oposición política en Venezulea. Sería una debacle total para los opositores y para el país.

Escenario 3: Ir a las elecciones bajo protesta y en coordinación con apoyo internacional para deslegitimar la ANC

Acudir a estas elecciones pudiera resolverse discursivamente planteándolo como una forma de protesta ante las aberraciones cometidas por el régimen venezolano.  Además de hacerlo ver como una decisión apoyada por la comunidad internacional al ser un proceso establecido en la constitución de 1999, constitución que la propia oposición ha jurado defender y hacer respetar. Logrando convencer a las voces que claman por abandonar la contienda y continuar trabajando en el plano internacional  para presionar al gobierno de Maduro y convocar a las calles para intentar una caída de la dictadura, la oposición habría entonces pasado un primer obstáculo, la resistencia interna. Para ello es clave convencer a la figura principal de la oposición en este sentido y no es otra que María Corina Machado. Sería la única forma de lograr la confianza en todos los sectores opositores para acudir a este evento.

De lograrlo, la oposición se vería en una ventaja, lograría en los meses venideros convencer a la población hoy más frustrada que segura del cambio político. Y les daría la posibilidad de con su voto demostrar de manera objetiva ante el país y el mundo, que los 8 millones y tantos que el gobierno y su ministerio de asuntos electorales dijeron haber participado en el fraude constituyente fueron eso, una mentira y el fraude más grande que haya presenciado la historia política de este continente. Además le permitiría ubicar en puestos de poder a sus cuadros y construir desde las regiones una resistencia más coordinada para enfrentar  los retos políticos venideros que definirían si se produce o no, finalmente, un cambio político en el país.

Escenario 4: Acudir a las elecciones y ser víctimas de la Asamblea Nacional Constituyente

Este escenario no puede dejar de considerarse, todo lo bueno planteado en el escenario anterior se reduce a que se pueda hacer efectivo o no el poder de la ANC. Y este escenario más que proyectarse con posibles respuestas, es mejor planteárselo en interrogantes. ¿Será el gobierno capaz de permitir unas elecciones que reducirían dramáticamente su control territorial y burocrático a nivel de las regiones? ¿Sería el gobierno capaz de permitir un evento que comprometa la estabilidad de la espada de Damocles que está bajo su posesión como lo es precisamente la ANC cuyos principales dirigentes han dicho que es superior a todo incluso al mismo Presidente de la República? ¿Se arriesgaría el gobierno a que los venezolanos demostráramos ante el mundo que el tamaño de sus atrocidades es tan grande que son capaces de presentar como un hecho cierto la falseada cifra de 8 millones y medio de electores apoyando su fraude constituyente? ¿Alcanzaría la presión internacional para evitar que el gobierno cerrara las puertas a esta elección?

Son interrogantes que los dirigentes opositores deben plantearse, no solo para responder si participan o no en la contienda, sino para saber qué hacer en caso de que, habiendo decidido participar, la misma fuese suspendida mediante un acto de la Asamblea Nacional Constituyente. Evento altamente probable. Total, este gobierno perdió las elecciones de la Asamblea Nacional en 2015 y decidió cercenar sus competencias, anular la elección de tres de sus diputados y declararla en desacato permanente. Posteriormente mediante ardides leguleyos prohibió la realización del referendo revocatorio, confiscó toda elección posible en Venezuela y la única que se animó a realizar como fue la elección de su constituyente, la hizo posible sobre el fraude y las fuerzas de los fusiles. Suspender un evento de estos, sería, como coloquialmente suele decirse, una raya más para el tigre

Una recomendación.

La decisión que hayan de tomar háganla en unidad, con transparencia, este gobierno débil en apoyo popular se ha mantenido precisamente por errores claves que se han cometido desde el seno de la unión opositora. Tales son los casos de acudir divididos al famoso diálogo, no defender con audacia el revocatorio y haber abandonado la presión de calle para darle vida unas negociaciones que a todas luces conducían al sostenimiento de la dictadura, más que al cambio que deseamos los venezolanos.

La decisión que tomen además debe contar con el acompañamiento de la comunidad internacional. Este es un elemento vital, pues es nuestro mayor logro hasta ahora, que un continente y el mundo democrático en su mayoría, le hayan dado la espalda a Maduro y condenara abiertamente su accionar. Por tanto es un logro a cuidar y preservar.

El debate democrático no debe temerle a las diferencias. Todo lo contrario, en las diferencias se crece y se puede llegar a consensos que fortalecen. No caer en la trampa de “no hay que darle comidilla al gobierno” para tomar decisiones a espaldas de la gente. Eso sólo le restaría legitimidad a la decisión y tomaría por sorpresa a muchos, que sin entender lo que ocurre, preferirían pasar la página y dejar de acompañar los esfuerzos por rescatar la democracia en el país. Y por último, Hagan cumplir la decisión soberana del plebiscito del 16 de Julio. Una cosa no tiene porque excluir la otra, decidir participar o no, no tiene porque obviar tamaño compromiso, además de ser un elemento que ponga aún mayor presión en el panorama político al gobierno de Maduro. No es tiempo de sumisión, sino todo lo contrario, de rebeldía y audacia. Los cobardes no hacen la historia. Y la valentía no significa el uso de las armas. Todo lo contrario, quien usa las armas es el gobierno que le teme a la población y ya no la puede controlar en base a mentiras. Valentía es tomar las decisiones que tomamos a diario para combatir a la dictadura, valentía es escribir, hablar, organizar, protestar y ejercer nuestros derechos,  aún a sabiendas de soportar amenazas y correr el peligro de ir prisión.

Las horas de Venezuela siguen siendo cruciales. Llegó agosto. Y así como agosto llegarán el resto de los días y todo se reduce a decidir cómo estamos dispuestos a vivirlos.

Acerca del autor

Wolfgang Rojas

Wolfgang Rojas

Licenciado en Ciencias Políticas. Egresado del programa de Gobernabilidad y gerencia política del convenio George Washington University-UCAB. Maestrando Gerencia en Finanzas de la Universidad Nacional Experimental del Táchira. Consultor político. Docente de la Universidad Católica del Táchira.