Columnas

El juego del poder chavista

Por más de una década vivimos en el eterno retorno a las afirmaciones metafísicas del “no vale, yo no creo”. Sin embargo, muchas de ellas han quedado en ridículo, puesto que no solo se cumplieron los peores escenarios, sino que aparecieron algunos otros nuevos.

Los días siguen pasando y no parece haber respuesta satisfactoria por parte del chavismo hacia la presión impuesta por la oposición en las calles. Incluso, ya aparecen candidaturas a la funesta Asamblea Nacional Constituyente. De cualquier manera, las protestas se mantienen. Parece que aún no se produce el desgaste de la oposición que tanto beneficiaría al gobierno en sus planes por imponer una nueva constitución, contraviniendo todo el aparataje legal venezolano.

Varias puntualizaciones son necesarias. Primero, desde la oposición, o, mejor dicho, todo el sector crítico del chavismo (incluso internacionalmente), suelen elevarse quejas en torno a la ilegalidad de los actos. Estamos ante un síntoma inconfundible del pésimo diagnóstico que ha caracterizado el análisis de la clase intelectual crítica con el oficialismo. Durante años, el chavismo ha despreciado el andamiaje legal, no es comprensible que hoy los abocados al análisis político juzguen con criterios democráticos y republicanos a quienes siempre los han menospreciado.

Por más de una década vivimos en el eterno retorno a las afirmaciones metafísicas del “no vale, yo no creo”. Sin embargo, muchas de ellas han quedado en ridículo, puesto que no solo se cumplieron los peores escenarios, sino que aparecieron algunos otros nuevos. Lo que parece irreal es que hoy se exija al chavismo comportarse con una lógica sueca, cuando nunca han sido más que actores de una película B a los que sólo creyeron algunos.

Aquello que a muchos les parecía discurso vacuo, se ha transformado en una dura realidad. Hoy Maduro sigue en el poder, cuando decían que no superaría el año, triste realidad que algunos no entienden, o no quieren entender. El chavismo real, el ideologizado, entiende lo legal desde el desprecio. Hace años que el sector intelectual del chavismo hablaba en términos de menospreciar cualquier obstáculo en la implantación del socialismo, hoy no podemos sorprendernos de que estén practicando con plenitud lo que tanto predicaron.

La segunda precisión tiene que ver con el juego que estamos presenciando. Hablamos de juego para poder ejemplificar mejor lo que se explicará a continuación. Aplicando la teoría de juegos a lo interno del chavismo, podemos tratar de aproximarnos a la toma de decisiones.

Asumamos que en el chavismo hay un sector moderado, propicio a una transición “garantista” (A), y otro sector más radical, aferrado al poder por diversas razones (B). Considérese que A y B tienen distintos incentivos a los que responden en función de sus expectativas. Sin embargo, algo que facilita el juego cooperativo es la capacidad de comunicarse entre los dos sectores. El dilema del prisionero se conforma claramente cuando las comunicaciones entre actores están cercenadas.

Ahora bien, puede asumirse que la información imperfecta se da en torno a las comunicaciones de A y B con C (la oposición, que puede incidir especialmente en las acciones de A). En este sentido se pueden definir 3 alternativas o escenarios propios del accionar de los dos chavismos.

Escenario 1: Ambos sectores del chavismo asumen que no hay razón para una transición, especialmente el chavismo moderado que resulta cooptado o convencido por el sector radical y se entrega plácidamente a la deriva autoritaria. Esto redunda en la unidad del chavismo que, al no ver otra salida que ir hacia adelante, se apega al proceso fraudulento de constituyente. La oposición resulta incapaz de atraer más figuras importantes, y se produce la remoción “pacífica” de los cuadros chavistas críticos con la administración actual. Con ello, el sector radical consigue ganar tiempo suficiente para profundizar el proceso iniciado, al menos, desde 2003-2004.

Escenario 2.a: el sector moderado se rebela y sufre las consecuencias de una persecución política y militar. Los cuadros críticos que habían mantenido perfil bajo se declaran en contra del proceso y el chavismo radical reacciona persiguiendo a todo aquel que no declare fidelidad a Maduro y los suyos. Parte del chavismo moderado puede salvarse pasando a la desobediencia y sumando nuevos cartuchos a la protesta (eso sí, marcando distancia con sectores radicales de la oposición para no parecer “vendidos”). El oficialismo profundiza la represión, pero puede iniciar la búsqueda del exilio para los cuadros que vean la oportunidad de salvarse.

Escenario 2.b: una parte mayoritaria del chavismo moderado se pliega al proceso de Maduro, lo que permite hacer una persecución selectiva de los que no. Algunos chavistas moderados optan por salir del país convirtiéndose en posibles informantes para agencias de seguridad internacional sobre los múltiples delitos y amenazas a la seguridad internacional que pueden representar los nexos del chavismo en el poder con el narcotráfico y terrorismo. Maduro consigue purgar nuevamente el Estado y partido, solidificando un grupo más reducido, pero con unidad de propósito. El chavismo avanza a base de purgas.

Escenario 3: ninguno de los sectores del chavismo coopera, el moderado porque no ve beneficio en continuar aceptando la consumación de la fractura y la “traición del legado de Chávez”, el radical porque se siente en confianza con la situación de caos y con el proceso de ideologización de las fuerzas armadas. Se produce un enfrentamiento abierto, parte del chavismo se suma frontalmente a la lucha contra el gobierno, sectores marxistas radicales con diferencias frente al gobierno, se declaran en desacato, cosa más simbólica que operativa. El enfrentamiento se torna más cruel, hay una situación de guerra civil no declarada, aunque evidente, con una crisis económica instalada como hecho cotidiano.

Hablamos de 3 grandes opciones, con dos variantes del segundo escenario, dependiendo del sector cooperante. Esto, asumiendo que el chavismo puede operar racionalmente en base a los incentivos que están en la mesa. Un factor de incertidumbre es la influencia que pueda gozar la oposición sobre el sector del chavismo moderado, especialmente tras apreciar la poca simpatía del sector más radical con cualquier cambio.

La economía puede influir notablemente, aunque no se huele mejoría alguna. Faltan por ver las consecuencias finales de la parálisis de la economía nacional. Es imposible sostener la situación por mucho sin que se multipliquen las víctimas económicas. En esto, el oficialismo cuenta con cierta ventaja producto de la estructura monoproductiva del país.

Por ello, no debe sorprender que ayer el chavismo haya cerrado un acuerdo muy sonado con Goldman Sachs, sin embargo, a pesar de que resulta una minucia en términos monetarios, sí que envía cierto mensaje de que hay firmas dispuestas a continuar haciendo negocios con el chavismo. Son bonos de la deuda a precio de gallina flaca que, en el peor escenario (de victoria chavista radical), rendirán beneficios al precio acordado, o, en un mejor escenario (transición y cambio), pueden comercializarse a una rentabilidad más alta. En consecuencia, el chavismo ha obtenido algo de dinero, pero es realmente poco como para garantizar algo.

Ahora bien, para un cambio verdadero, es imprescindible hacer diagnósticos realistas con los que se posibiliten análisis más certeros. Para ello, hay que asumir de una vez por todas que la oposición, y su élite intelectual, ha errado durante mucho en cuanto a conocer y analizar el desafío que tenía en frente. No podemos mejorar sin asumir nuestros fallos. A esta crisis ha contribuido notablemente la oposición, en parte con el menosprecio de las intenciones y capacidades del otro, y otro tanto en la confianza de las capacidades propias ha favorecido a un chavismo cada vez más frontal y antidemocrático.

@edcastillo_11

Acerca del autor

Eduardo Castillo

Eduardo Castillo

Sociólogo egresado de la Universidad Central de Venezuela. Magister en Asesoramiento de Imagen y Consultoría Política de la Universidad Camilo José Cela. Actualmente socio-fundador y director de Marketing Político en Strategos Consulting Firm.