Columnas

Abajo caretas: Venezuela al desnudo

Photo by Alvaro Ybarra Zavala / Getty Images

El Farsante con suerte

Los venezolanos tuvieron conocimiento de Hugo Chávez luego de un hecho de fuerza donde a sangre y a fuego se intentó asaltar al poder frente a un gobierno democrático. Acto seguido, poderosos agentes e ingenuas personalidades alentaron la gestación de la épica del militar golpista. Un sistema político seriamente desprestigiado fue el terreno fértil en el que Hugo, que ni fue el líder del golpe ni tampoco una mente con ideas amobladas, consiguió su tótem del éxito; años después, el país entero se rendiría a sus pies y lo coronarían rey sin corona como el Presidente más popular en sus inicios de gobierno. Chávez, que sabía de asuntos del Estado tanto como de comando militar -fue un oficial destacadamente mediocre-, cayó en distintos brazos que le encumbraron al poder; esto lo olfateó la Vieja Prostituta de El Caribe, por lo que el “Comandante” rápidamente se convirtió en la marioneta de Fidel y allí comenzaría a demoler a la República e instalar el socialismo a la cubana pero del “siglo XXI”.

Más suerte para el tipo vendría cuando el precio del petróleo fue ascendiendo por la emergencia de la potencia china y tras purgar a la resistencia militar que lo depuso por la masacre del 11 de Abril de 2002, la táctica que impuso desde La Habana fue: corromper a todos con el maná de la renta petrolera mientras asaltaba a toda la estructura del Estado nacional, se lanzaba a comprar lealtades en el exterior y se aseguraba la sujeción fiel de las vastas mayorías pobres de Venezuela. El plan fue un éxito y Hugo murió en el éxtasis de su poder total que lo elevó al olimpo de los “revolucionarios del mundo”. Además, convirtió a un sistema democrático competitivo y aliado de las potencias occidentales a una “dictablanda” enemiga de Occidente y encompinchada con los regímenes parias del orbe, mientras gestaba a una camarilla multimillonaria de narcotraficantes, generales de escritorio, guerrilleros, capitalistas revolucionarios y criminales comunes, la élite chavista, pues.

Maduro: el garrote sin zanahoria

Nicolás Maduro es el representante opuesto a la década de esplendor del farsante-comandante que lo ungió como su sucesor. Le tocó enterrar a su jefe y con él a la época del despilfarro del barril de petróleo a USD 100 y el endeudamiento fácil. Más allá de eso, sus carencias patentes de liderazgo y su personalidad primitiva, aceleraron el camino de arrase de lo que quedaba de resistencia en Venezuela. Para poder mandar en la corporación delictiva autodenominada “revolución bolivariana”, hubo de ceder el puño presidencial que antes todo lo concentraba y entregarle todos los recursos posibles a los criminales con uniforme, los socios clave de la mafia revolucionaria; por lo cual, el régimen de Maduro es esencialmente una dictadura militar de vena socialista cuya única lógica es sobrevivir a la justicia internacional encerrados en la cárcel que convirtieron al territorio venezolano.

A paso decidido, la catástrofe económica del chavismo-madurismo sirvió más bien como detonante del autoritarismo made in Cuba y se llegó a la decisión de suprimir ad infinitum la disidencia interna, la oposición exterior y cualquier obstáculo que le impidiera a la corporación mafiosa controlar todos y cada uno de los espacios de la vida venezolana. Se llegó al  2017 donde se ha consumado la aventura de abolir la Constitución chavista de 1999 -democrática formalmente- y redactar un orden jurídico totalitario. Maduro y su camarilla han decidido a la guerra total y a reinar sobre las cenizas.

La Oposición: las máscaras se caen

Durante la larga noche del chavismo, sus fuerzas opuestas han atravesado el Camino del Gólgota y sufrido toda clase de crisis y transformaciones. La Oposición de inicios del régimen, conformada por partidos políticos viejos -muy debilitados-, otros nuevos -apenas naciendo- y un sector no partidista variopinto con múltiples agendas, tuvo más derrotas autoinflingidas que victorias. El examen histórico arroja que el problema medular de la Oposición fue su salto olímpico de antichavismo a secas al archipiélago  difuso del hoy. La Oposición se traicionó a sí misma al intentar cohabitar con un sistema que no admite contrarios. La estrategia de los partidos políticos -que desde 2006- lograron cooptar al mundo opositor, fue abandonar la denuncia frontal del régimen, intentar ganar espacios dentro del propio sistema y “forzarle” a rectificar su deriva autoritaria. Nada de eso pudo lograrse. El chavismo, por su naturaleza primitiva, criminal y antidemocrática, concibe al mundo como un torneo sumacero, donde no existe arbitrio justo y que se acostumbró a mandar sin límites.

La Oposición ha terminado siendo víctima de su propia agenda. En los días finales de la República de Venezuela, asistimos a la aniquilación de la oposición genuina y el apuntalamiento de una oposición moldeada desde la dictadura, que se habituó a recibir las siempre generosas limosnas del reparto corrupto de la renta petrolera.

Epílogo: Estado Paria y Guerra Civil

Desnudado el trágico panorama de Venezuela, ha consenso en un solo punto: la violencia va a dar un salto cualitativo hacia el conflicto armado. Hay regiones del país que el régimen sólo podrá someter reprimiendo casa a casa, lo que junto al racionamiento partidista de los bienes básicos y el aislamiento de Venezuela, es el hervidero que explica los asesinatos de civiles y militares. En el régimen, los escrúpulos ya no son necesarios para desnudar al Estado Paria que son ahora; por lo que ninguna medida multilateral podrá hacer mella en ellos hasta que una fuerza de poder superior les obligue a rendirse, huir o inmolarse. Que Dios proteja a quien viva en Venezuela de lo que viene.

@IvanPolitics

Acerca del autor

Iván Ciriaco-Useche

Iván Ciriaco-Useche

Politólogo. Especialista en Economía Política y Gerencia Pública. Asesor en mercadotecnia electoral, campañas electorales y comunicación política.