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Roberto Briceño León: “La criminalidad no es una maldición que nos cayó del cielo”

28.278 muertes violentas es el número que posicionó a Venezuela como el segundo país más inseguro del mundo en 2016. Aquí se sobrevive. Se lleva el miedo como sombra. Todos los días se desafía a la muerte. De cada 100.000 personas, que apostaron por este país el año pasado, por lo menos 91 murieron por decisión del hampa. El pronóstico para 2017 no parece ser mejor.

Roberto Briceño León es sociólogo y director el Observatorio Venezolano de Violencia. Una voz lúcida para entender el panorama ensombrecido de la criminalidad. La organización que encabeza intenta recabar la información que el gobierno se niega a publicar. Analiza y divulga. Su objetivo: entender el fenómeno de la violencia más allá de las historias empantanadas en sangre.

Un contexto institucional debilitado, la politización de la seguridad ciudadana, un lenguaje equivocado desde la esfera gubernamental; son algunas de las causas que esbozó Briceño, durante su conversación con el equipo de El Coroto, para entender la complejidad criminal en Venezuela. Estas son sus 5 respuestas claves.

1. ¿Cómo entender el aumento progresivo de la violencia en estos 18 años bajo la administración de un gobierno que se ha ufanado de disminuir la pobreza significativamente? Si no es la pobreza la causa de las 28.278 muertes el año pasado, ¿cuál es el epicentro de esta criminalidad epidémica?

Del año 2000 al 2010 ha sido la época en que hemos tenido el incremento más grande de homicidios de toda nuestra historia. Sin embargo, en esa misma década Venezuela tuvo el más alto ingreso petrolero. Es una paradoja porque tuvimos el mayor incremento de homicidios y el mayor incremento de riqueza. Cuando el candidato Hugo Chávez estaba en campaña el barril de petróleo valía 9 dólares y en una década pasó a 140 dólares.

Además de tener muchos ingresos, el gobierno se ufanaba de haber disminuido de manera significativa la pobreza y la desigualdad. No hay entonces manera de encontrar una explicación y menos una causalidad alrededor de estas variables porque ambas se habían acabado supuestamente en Venezuela.

Entonces la explicación debe sostenerse en que durante esos años hubo un quiebre de la institucionalidad, el quiebre de las reglas del juego, del pacto social. Acuerdos que sostienen una sociedad y que permiten convivir, dialogar, resolver las diferencias. Nosotros perdimos las reglas, se politizaron los órganos de seguridad, se dejó de perseguir a los delincuentes, se incrementó la impunidad. Simplemente para que se tenga una idea en 1992 por cada 100 homicidios tuvimos 118 personas detenidas, el año pasado por cada 100 homicidios tuvimos 8 o 9 personas privadas de libertad.

2. El gobierno desde un inicio con su carácter “revolucionario” prometió derribar la institucionalidad vigente para configurar un nuevo Estado. Estas nuevas instituciones, ilustradas en 21 planes de seguridad, ¿no fueron efectivas para combatir la inseguridad? 

Las políticas públicas se miden por sus resultados, si en 1998 tuvimos 4.500 homicidios y el año pasado tuvimos más 28.000 esto indica que los planes no han funcionado. Esto pasa por diversas razones, principalmente porque han tenido una concepción equivocada del problema, han considerado que la pobreza es la causa del delito o que, desde una perspectiva ideológica, la violencia no es mala, porque la violencia es parte de la de la lucha de clases, la gran partera de la historia como lo diría Karl Marx.

En ese contexto lo que se puede decir lamentablemente después de todos estos años es que no han funcionado porque la meta al final ha sido una meta política, una meta electoral. No se han configurado con el objetivo de proteger a los venezolanos. En el 2006 había una elección y se hizo un plan, en el 2010 había otra y se creó el “DIBISE” (“Dispositivo Bicentenario de Seguridad”), en el 2012 se lanzó “A Toda Vida Venezuela”, en el 2015 se lanzan las “OLP” (“Operación de liberación del pueblo”). Planes cuyo único propósito al final fue ganar una elección.

3. Otra de las variables que algunos aducen al momento de entender el incremento de la criminalidad es el tema de los actos del habla.  ¿Tiene incidencia directa el discurso oficial del gobierno en esta situación de violencia generalizada?

Ha incidido desde el primer momento. Cuando Chávez dijo que si alguien tenía hambre podía robar, se lanzó un mensaje equivocado a la sociedad. No se pueden enviar esos mensajes porque generan confusión. Chávez promovió algo contrario a ese consejo que a uno le daban en la escuela, cuando nos decían que la violencia es el arma de los que no tienen razón, el Presidente se paraba y decía que eso era mentira, que la violencia era un arma adecuada para conseguir las metas. Esas cosas dañan claramente a la sociedad e incentivan la criminalidad.

Para algunos esto puede que sea una elucubración pero lo que es evidente es que pasamos de ser un país que tenía tres veces menos homicidios que Colombia a tener hoy cuatro veces más homicidios que el país vecino. Ese es el resultado de un mensaje equivocado, de un lenguaje equivocado y de una manera equivocada de aplicar las políticas.

4. La inefectividad del gobierno para combatir la criminalidad pareciera haber creado una sensación de orfandad en los venezolanos que hace legitimar fenómenos como los linchamientos. ¿Es este el camino correcto para disminuir la violencia?

Definitivamente no. El linchamiento o cualquier forma de justicia privada no garantizan que la sociedad se pacifique o que disminuya la violencia. El proceso civilizatorio a través del cual la humanidad ha ido construyendo unas formas de organización va en camino contrario. Implica quitarle a la sociedad ese derecho a vengarse, a tomar justicia, para colocarlo en una manos neutras, no emocionales, donde se respete el debido proceso, con el fin de bajar el nivel de violencia en la sociedad.

Esa orfandad que ha despertado una sensación de desesperanza, tiene por otra parte una molestia aguantada, contenida de la población frente a los delincuentes porque se ve que no hay respuesta gubernamental.

5. La Operación de Liberación del Pueblo, que muchos expertos han catalogado como “licencia para matar”,  ahora aparece con un supuesto carácter humanitario y con unas mascaras que lo contradicen. ¿Será esta la solución?

El uso de esas mascaras con una calavera no muestran ninguna señal del sentido de la ley y el refuerzo de la institucionalidad. Se están enviando nuevos mensajes equivocados pero de una forma muy práctica. Pretenden decirle a la sociedad que matar es malo, matando, y promover el respeto a ley, quebrantando la ley. Al final esto es una política populista desde el punto de vista criminológico. Busca crear simpatía y tratar de decirle a la población que sí se está haciendo algo y eso tiene eco en algunas personas que realmente están desesperadas al sentirse indefensas, al no tener protección alguna y ven en aquello un atisbo de respuesta. Pero en medio de todo, lo que no se ve es que se está destruyendo la base de la convivencia social.

Las máscaras violan la ley venezolana, los funcionarios tiene que estar identificados para evitar abusos, para que puedan ser denunciados. El gobierno ha oscilado entre no hacer nada o hacer demasiado y en exceso.

Muchos pensarán entonces que sólo queda esperar para ser parte de la lamentable estadística criminal…

Hay que tener claro que esta situación de criminalidad no es una maldición que nos cayó del cielo, esto es el resultado de políticas equivocadas, de políticas que se hicieron y otras que se dejaron de hacer. Y si es el resultado de esto, pues entonces puede cambiar y además puede cambiar en un tiempo relativamente corto. Medellín que llegó a tener una tasa de homicidio de 270 muertes violentas cada 100 mil habitantes el año pasado tuvo 18, San Pablo logró disminuir cuatro veces sus homicidios. Necesitamos unirnos como ciudadanía, unirnos como país sin politización alguna para frenar este flagelo.