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Luis Ugalde: “No se puede salir de esta crisis si los militares no defienden la Constitución”

La noche del 29 de marzo el Tribunal Supremo de Justicia puso en evidencia algo que ya estaba: la dictadura; así lo manifiesta, sin espacio a la duda, el jesuita, ex rector de la Universidad Católica Andrés Bello y académico Luis Ugalde.

Al hablar, el nacido en el País Vasco, sale de las zonas cómodas, opina, denuncia y orienta como parte de la misión de la iglesia que ha hecho tan suya como a estas tierras. Proyecta al país como un paciente en una larga agonía y coloca sobre la mesa escenarios que sirven para ganar algo de dirección ante un transición que considera impredecible.

El diálogo, la iglesia, las Fuerzas Armadas, la presión internacional; fueron variables que Ugalde analizó de manera profunda y esbozó en estas cinco respuestas claves.

1. ¿La decisión del Tribunal Supremo de Justicia, la noche del 29 de marzo, representó un quiebre en la democracia venezolana o solo fue la confesión de una dictadura que lleva tiempo gobernando el país?

Yo creo que es la puesta en evidencia de algo que ya estaba. Esto es una dictadura desde hace mucho tiempo. El gobierno con complicidad del TSJ decretó hace meses que todo lo que emitiera la Asamblea Nacional era nulo. Si anulan la AN, anulan su elección, es decir anulan el voto venezolano. Espero que esto, aunque parezca cínico, se convierta en una ventaja, porque se le quitó la careta al gobierno. Si había algunos que consideraban aún que esto era una democracia con problemas, ya seguro están convencidos de que es una dictadura. Ahora el Poder Judicial le sirve en bandeja lo que quiera el Ejecutivo, es decir se anula por completo el Parlamento, que es lo que mismo hizo Fujimori cuando comenzó su fin.

2. A usted le gusta proyectar a Venezuela como un paciente enfermo. Todos los indicadores exponen que está más grave que hace un año. ¿Esto es sinónimo de que el país está más cerca de la transición política?

En dictadura las transiciones son impredecibles. En las democracias todo tiene su momento, en las dictaduras no. Lo que sí es evidente es que el país está mucho peor, no es una vida que se ha alargado, es una agonía que se prolonga y para mí la diferencia de la palabra es clave. Quien está agonizando está vivo, pero está más muerto que vivo, y Venezuela realmente es un país agonizante en el cual reina el pesimismo, la desesperanza y la desesperación. Antes uno podía establecer un debate entre los políticos si se ha respetado la separación de poderes, pero en este momento lo que importa es si voy a poder comer mañana y este es un tema de mayor envergadura y no se ve ninguna posibilidad de corrección desde la posición del gobierno.

La duración o no duración depende del agravamiento que se está produciendo. Esto ha llevado no solamente a una toma de conciencia del país, que hoy en más del 80% rechaza al gobierno, sino a un cambio en las posturas a nivel mundial.

3. Algunos analistas como Luis Vicente León han expuesto que la relación directa entre crisis económica y cambio político es un mito. ¿Usted contradice esta postura?

Claro que hay una relación directa, otra cosa es decir que solo la crisis económica tumba un gobierno. Luis Vicente León niega eso y con toda razón, pero la relación es automática. La caída en la popularidad del gobierno ha dependido de la crisis económica y social. Ahora la creación de alternativas también depende de que se conecte un proyecto con esta crisis. Si las propuestas de los partidos políticos fueran ajenas a la realidad del país simplemente la conexión no se da. La caída viene por esa conexión entre la crisis socio económica, la desesperación y un gobierno empeñado en no cambiar el modelo político. La salida llegará en cuanto los proponentes de la salida conecten con la crisis económica y social.

Usted lleva más de un año hablando de la necesidad de esa narrativa de la esperanza que conecte con la población pero parece que aún no se ha construido

No se ha construido. Hoy la desesperanza en Venezuela es mucho mayor y esta lógicamente lleva a una impaciencia generalizada. La mayoría de la población echa de menos esa narrativa que les dé un camino marcado para seguir. Pero sería irresponsable echarle la culpa de eso solo a los opositores. Cuando un régimen es dictatorial encarcela a los dirigentes políticos y los acusa de lo que sea. No es justo decir que tienen campo libre y no acaban de ofrecernos una solución, los políticos están acorralados por el régimen. Sin embargo, si considero que tienen un déficit en varios sentidos. Les falta oír y comunicarse mucho más. El supuesto diálogo es un ejemplo de esto.

4. ¿Pecó de ingenuidad el Vaticano al sentarse en una mesa de diálogo en la que no estaban las condiciones para que el gobierno pudiera ceder en ciertos aspectos?

En parte sí. Pero el diálogo no lo inventó el Vaticano. En un país normal se dialoga siempre y sin intermediarios. Cuando se acude a un tercero es porque hay una tragedia. El gobierno se trajo unos facilitadores que eran de él y la oposición dijo “así yo no voy a dialogar”. Entonces pensaron en nombres concretos: Fernando Henrique Cardoso, Oscar Arias, el Vaticano y pasaron meses sin que eso se solucionara. La oposición pasó una carta al Vaticano invitándolo como facilitador, no como inventor del diálogo. La iglesia aceptó cuando ambas parte vieron con buenos ojos nuestra presencia.

Lo cierto es que la oposición no se preparó para el diálogo. No dijo quienes nos van a representar, cuáles van a ser las reglas del juego y el Vaticano vino demasiado confiado pensando en que si lo llamaban era porque querían oír y aceptar su papel. Pero ese llamado diálogo fue toda una manipulación desde el escenario en donde se organizó, los medios de comunicación que fueron todos controlados, la presencia del presidente de la República. Todo fue una manipulación y efectivamente un dialogo así no llegó a ninguna parte. El proceso de negociación era porque había una emergencia nacional que se traducía en presos políticos, elecciones anuladas, anulación del parlamento, crisis humanitaria. El Vaticano se confió y al ver lo que pasó, la primera semana de diciembre el Secretario de Estado del Vaticano mandó una carta durísima diciendo que los objetivos pautados no se habían cumplido. Eso sentó tan mal en el gobierno que nos envió un escrito muy violento que aún no se ha hecho público.

5. Usted en un foro, a finales de 2016, manifestó que la posibilidad de un Larrazábal II sería vista con buenos ojos. ¿Esa manifestación militar debe ser la causa de un movimiento que obligué al gobierno a dialogar o será la consecuencia de una movilización civil que lleve a las Fuerzas Armadas a tomar una posición democrática?

Yo en realidad no recomendé nada. Era un panel sobre escenarios en Venezuela. Cuando ves las salidas de las dictaduras en muchos de los países de América Latina o en España, en todas estas no se ha podido salir si un sector significativo de los militares no opta por su obligación de defender la Constitución y la democracia. Y así será aquí. Por su puesto que los militares miran a la calle y oyen en la casa a su mujer y a sus hijos que les dicen que la vida se está poniendo imposible y la gente está sufriendo.

Los militares no llovieron del cielo el 23 de enero, sino que ya había malestar en la población, habían manifestaciones y le dijeron a Pérez Jiménez hasta aquí llegamos no cuente con nuestro apoyo. Eso es lo que las Fuerzas Armadas deben decirle al presidente actual: Nosotros somos demócratas y defendemos la democracia.

 

Acerca del autor

Manuel Roa

Manuel Roa

Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Católica del Táchira. Tesista de la Licenciatura de Comunicación por la Universidad de los Andes. Egresado del Programa para el Fortalecimiento de la Función Pública en América Latina de la Fundación Botín y Brown University.