5x5

John Magdaleno: “La oposición está jugando una simultánea de ajedrez”

El país parece volver a tocar el umbral de la transición. El gobierno y su tozudez autoritaria reimpulsaron el ánimo de resistencia en la gente y, esta vez, la Mesa de la Unidad Democrática no asoma intensiones de abandonar uno de sus mayores activos: la movilización ciudadana.

El juego político se hace cada vez más parecido a una simultánea de ajedrez, donde la oposición debe jugar contra ocho jugadores en ocho tableros distintos, así metaforiza la realidad venezolana el politólogo y profesor universitario, John Magdaleno. La opinión pública nacional e internacional, los organismos multilaterales, la presión de calle, el empresariado nacional; son algunas de las variables a considerar en esta dinámica compleja donde la MUD debe mover muy bien sus piezas para lograr el cambio político que, el analista, precisa como el objetivo último de estas jornadas de protesta.

Un análisis lúcido y oportuno para desentrañar lo que podría ser el porvenir de la coyuntura política venezolana. Todo esto en las siguientes cinco respuestas claves.

1. ¿Cómo califica la actuación de la Mesa de la Unidad Democrática en esta nueva agenda de movilización ciudadana?

En contraste con lo que sucedió a finales del último semestre del año pasado, la dirección política de la oposición decidió reiniciar correctamente un nuevo proceso de movilización social que ha conseguido tres objetivos de corto plazo: en primer lugar, como ocurrió en los eventos de septiembre y octubre del año pasado, visibilizar la magnitud y la intensidad del anhelo de cambio político. El otro objetivo logrado en los últimos días fue incorporar a cada vez más gente del oeste de la capital a las jornadas de protesta. Y el tercero de los objetivos latentes que ha tenido la convocatoria ha sido demostrar el talante autoritario del gobierno, que ha quedado expuesto con la represión de los cuerpos de seguridad del Estado, es decir se ha terminado de desnudar su naturaleza.

Este proceso de movilización social tiene dos características distintivas que antes no se veían. Hay mayor voluntad de lucha y mayor conciencia de que es un proceso complejo que no se agota en una, dos o tres manifestaciones; hay un creciente ánimo de resistencia entre los asistentes a las convocatorias. Y en segundo término, hay un aprendizaje espontáneo respecto a cómo actuar frente a la represión de los cuerpos de seguridad. Mi valoración es positiva, ya muchos se habían quejado el año pasado de que no se podía abandonar la calle y esta es una respuesta estratégica por parte de la oposición que corrige el error que se cometió el año pasado.

2. Usted habla de los objetivos logrados a corto plazo. ¿Cuál debe ser el objetivo final de estas manifestaciones?

El objetivo último es el cambio político con sus diversas manifestaciones, lo que se persigue es un cambio en el país, que no solo se limita en el cambio del Ejecutivo, sino busca un cambio sistémico, esa es mi opinión. Desde las perspectivas de la oposición hay que comprender las tareas involucradas para el logro de ese fin último. Una forma de hacerlo pedagógicamente es imaginarse que la oposición encara una situación tan compleja como la de una simultánea de ajedrez. Imaginemos entonces que la oposición está jugando en un escenario donde un maestro nacional se enfrenta a varios competidores que juegan cada uno en un tablero y el maestro nacional tiene que recordar muy bien las jugadas que hizo en cada uno de los tableros para mantener un mínimo de coherencia estratégica que no le permitan a los demás jugadores vencerlo.

3. ¿Cuáles y cuántos son esos tableros?

Esta simultánea tiene ocho tableros. En el entendido de que se trata de un régimen autoritario, y esto hay que tenerlo claro porque si no caracterizamos bien el régimen político de allí se derivan estrategias distintas. El primero, el de la opinión pública nacional; el segundo, el de la movilización social; el tercero, la opinión pública internacional; el cuarto, la actuación de los organismos multilaterales; el quinto, las presidencias y los parlamentos de otros países; el sexto, las elecciones; el séptimo, la interlocución social de diálogo con sectores del chavismo descontento y crítico; el octavo, la creación de espacios de conversación con sectores del mundo empresarial.

El cambio es factible solo si la oposición aumenta la presión y hace jugadas correctas en estos ocho tableros. No puede esperarse que la movilización por si sola pueda lograr el objetivo ulterior que es el cambio, para ello usted debe fortalecer la demanda de cambio político, tiene que movilizar más gente y llevar objetivos simbólicos. Yo creo que se ha ido avanzando bien en todos los tableros.

En el terreno de las elecciones hay cosas por hacer, este es un tablero clave, decía Sun Tzu en el Arte de La Guerra: “Localiza la batalla en el territorio que te resulte conveniente”. Y si hay un territorio en el que la oposición le interesa jugar es precisamente en el de las elecciones, básicamente porque la intención de voto le favorece. La intención de voto es de algo así como 68% contra 32% según estudios de opinión de febrero y marzo. Eso significa 36 puntos porcentuales de brecha, de aquí a la elección puede que se cierre a 25, eso significa que la oposición obtendría alrededor 16 gobernaciones, conservadoramente hablando, y por lo menos 200 alcaldías de las 335.

4. Ahora, hay sectores que quieren todo o nada. ¿Qué tendría que pasar para que se produzca una negociación que sea fructífera para el país y que sea comprendida por la ciudadanía?

En un régimen autoritario, las reglas de juego se administran discrecionalmente por parte del poder, es decir, se opera como un secuestrador, ¿qué hace un secuestrador?, bueno retiene a una persona, se la lleva y pide un rescate a cambio, pero este individuo decide bajo que circunstancias se produce la entrega de la persona. Ahora, ¿cómo debe comportarse el familiar de la persona que tiene el familiar secuestrado?, no le puede decir usted está violando la ley devuélvame a mi familiar y además no le voy a pagar ningún rescate, esto es lo que sucede en los regímenes autoritarios. Los que quieren un cambio político deben pagar algún costo, no pueden esperar que de la noche a la mañana se satisfagan todas las garantías constitucionales.

Los factores, más importantes, que permiten una transición de un régimen autoritario a uno democrático son: en primer término debe disminuir el número de socios con los que cuenta la coalición dominante, antes de una negociación con el gobierno deben producirse conversaciones con sectores del chavismo descontento. En la medida que las bases de respaldo del gobierno no disminuyan, la legitimidad será un bloqueador para el cambio. La legitimidad debe ser socavada, el régimen autoritario debe experimentar una crisis de legitimidad mucho más pronunciada que la que hemos estado viendo desde el año pasado.

El segundo término la expresión del malestar debe ser cada vez más masiva, y en efecto debe ser creativa simbólicamente, hay que incentivar la expresión del malestar. Cuando aumentan los umbrales de movilización, es decir, cuando las movilizaciones se hacen masivas y persistentes estas se convierten en un propagador de las transiciones, pues así se aumentan los costos de represión.

5. Algunos analistas afirman que sin un pronunciamiento de la Fuerzas Armadas no será posible un cambio político en el país. Usted ni siquiera contempla esta variable en sus tableros, ¿por qué?

Ese es un tablero de juego que ni menciono de pasada, no vaya ser que el gobierno me acuse de conspirador. Pero la razón por la cual no me ocupo mucho de eso, es porque no siempre ocurre que la Fuerza Armada es el protagonista de los procesos de transición.

Está demostrado que cuando la intervención de la Fuerza Armada tiene en un rol protagónico se complican las transiciones a la postre, pues aumenta la probabilidad de que ocurra una reversión autoritaria, dicho de otra manera en los lugares donde los militares fueron protagonistas del cambio se establecieron regímenes autoritarios incluso más duros de los que estaban antes.

Podría conversarse con algunos actores del ala militar, sobre garantías democrática y constitucionales, pero no puede pretenderse mucho más porque en Venezuela querer que las Fuerzas Armadas sean el protagonista del cambio significa cederle tanto poder como para que luego esta decida el curso de los acontecimientos y esto no será conveniente.